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María Corina Machado: la trayectoria y la lucha que la llevaron al Nobel de la Paz 2025
María Corina Machado nació el 7 de octubre de 1967 en Caracas, Venezuela, y desde muy joven destacó por una determinación marcada por la disciplina, el estudio y el servicio público. Ingeniera industrial egresada de la Universidad Católica Andrés Bello y primera de su promoción, complementó su formación con estudios en finanzas y programas internacionales de políticas públicas.
Su vocación social comenzó antes de su incursión política. En 1992 fundó Atenea, una organización dedicada a la atención de niños en situación de calle, un proyecto que reveló la raíz de su compromiso con los más vulnerables. Años más tarde, ese espíritu de servicio se trasladaría al terreno ciudadano con la creación de Súmate en 2002, una organización orientada a promover la defensa del voto y la transparencia electoral. Su participación en la recolección de firmas para el referendo revocatorio de 2004 la colocó en el centro del debate nacional y dio inicio a una larga trayectoria enfrentando presiones, amenazas y restricciones de movilidad.
En 2010 fue electa diputada a la Asamblea Nacional con la mayor votación individual de esa elección. Desde el parlamento se convirtió en una voz firme, crítica y reconocida por su frontalidad en defensa de los derechos civiles y políticos. Su intervención directa ante Hugo Chávez en 2002 quedó grabada en la memoria colectiva como símbolo de coraje cívico. Más tarde fundó el movimiento político Vente Venezuela, una plataforma liberal centrada en las libertades individuales, la propiedad privada y el Estado de derecho.
En 2014 fue despojada de su investidura parlamentaria tras aceptar representar a Panamá ante la OEA para denunciar la crisis venezolana. A pesar de ello, su liderazgo continuó creciendo, especialmente en 2023, cuando obtuvo una victoria contundente en las primarias de la oposición. Aunque posteriormente quedó imposibilitada de competir formalmente, logró articular un movimiento nacional que movilizó voluntarios, técnicos, comunidades y ciudadanos en defensa del proceso electoral.
Su insistencia en métodos no violentos, su rechazo a negociaciones que consideraba contrarias a los principios democráticos y su esfuerzo por sostener la organización ciudadana la convirtieron, para muchos, en un emblema de coherencia y resistencia. En 2024, su figura fue clave en la protección de actas, movilización cívica y articulación de mecanismos de resguardo electoral. Para una parte significativa del país, se consolidó como referente moral, político y estratégico.
En octubre de 2025, ese recorrido fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz 2025, otorgado —según la lectura del Comité Nobel en el relato comunicado públicamente— por su dedicación a los derechos democráticos, su defensa de la participación ciudadana y su empeño en promover una transición pacífica hacia un sistema político pluralista.
Mientras continúa en la clandestinidad por razones de seguridad, su figura se ha proyectado como símbolo de determinación, resiliencia y lucha cívica. Muchos la identifican como la “Dama de Hierro de Venezuela”, un referente para quienes creen en la posibilidad de una reconstrucción democrática y pacífica del país.